Como buena madrileña que soy, debo de reconocer que el metro es lo mejor que tenemos en madrid, es barato (aunque nos hayan subido el billete, sigue siendo barato), hay estaciones por todas partes, buenas conexiones...Pero, la cosa cambia cuando lo tienes que usar a hora punta.
Eso es peor, mucho peor que un atasco, ahí es cuando te das cuenta que todos tenemos un instinto salvaje, luchamos por nuestra supervivencia, ayudamos de vez en cuando al prójimo o lo pisoteamos según como llevemos el tiempo, nos entretenemos, olvidamos la educación y salen a la luz nuestras necesidades fisiológicas básicas como dormir y comer...
Si Rousseau levantase la cabeza y viese el metro de madrid, la volvería a agachar, feliz de haber podido disfrutar del estado de naturaleza que es el metro de madrid.
La aventura comienza cuando te dispones a entrar en la estación mas cercana de tu casa, ese es el momento de entrar en la selva.

Primero te encuentras a los suministradores de periódicos gratuitos en la boca del metro, tu, entrenada a rechazar cualquier objeto que te ofrece un desconocido, como bien te enseñó tu madre, no lo coges. Entonces escuchas un ruido un poco fuerte, te asustas. Sacas el abono transporte del bolso, oh nooo! no lo encuentras!!! vacías el bolso en el suelo de la estación, sigues sin encontrarlo! al final lo ves en el ultimo bolsillo posible del bolso, vuelves a meter las cosas corriendooo!!! pasas el bono, ppppiiiii, no funciona, vas a otro....pasas... ufffff. Corres por las escaleras como si tuvieses que salvar la vida, no importa si pierdes la cartera, las llaves, el iPhone(bueno, eso no). En este momento es cuando echas de menos las lianas de tarzan y ahora viene lo peor... Tienes que esquivar a la gente que sale del vagón, te cuelas por los huecos, te agachas, empujas y en el primer pitido, ya estás dentro....uuufff
Estas dentro pero no sentada, ni con espacio suficiente para respirar, simplemente estas dentro. No te hace falta sujetarte a las barras, te sostiene la presión de las personas...
Entonces antes de llegar a la siguiente estación, vuelve a aparecer el miedo. Nos ponemos nerviosos por no poder salir en nuestra parada por la cantidad de gente que está taponando la salida, a la vez que pensamos que la gente querrá entrar y no nos dejará salir, entonces todo el mundo empieza a salir. Si. A salir, cuando todavía no se ha llegado a la estación por lo que el vagón se convierte en un parque de atracciones en el que te balanceas para un laaaado, para el oootro...
Se llega a la parada. Si estas sentado, es tu día de suerte, si estás de pie, tu vida corre peligro de manera proporcional a la distancia que estés de la salida, lo que quiere decir que si estas pegado a la puerta, en el momento que se abran, una fuerza exterior dirigida por una masa de personas, te van a sacar del vagón del mismo modo que cuando quitas el tapón de la bañera. Lo mejor es ponerte justo a un lado, si lo consigues, estas salvado, si no lo consigues, es volver a empezar.
Cuando ya se vacía el vagón, es cuando de verdad se ve al ser humano es su verdadero estado de naturaleza.
Las señoras acechando en busca del único sitio disponible, desde fuera del vagón vigilan su presa para darle caza. Llevan bastón y parecen tener imposibilidad de caminar correctamente pero es todo superficicial, es lo que quieren que nos creamos, su naturaleza es así. En cuanto se abren las puertas se tiran a su presa, indefensa, arrasando con cualquier otro ser que se encuentre en su camino. Si estabas en medio, ya no hay nada que hacer.

Hay otra especie, muy común a cualquier hora, totalmente inofensivos, que su única característica es dormir. Duermen pero, no os creáis que son incapaces de atacar si alguien les molesta o si escuchan algo, ellos son capaces de presentir cuando se tienen que despertar para bajarse del vagón. Se levantan y se van.
Cada persona busca su propio entretenimiento, aquí es cuando te das cuenta de porque no cogiste el periódico porque lo que está leyendo la persona de al lado, pues no te interesa y te parece un poco feo pedirle que pase de hoja. Aqui distinguimos la lucha por el periódico usado.
Hay un depredador muy común también a estas horas de la mañana, que su fin es buscar todo periódico usado. En principio no es peligroso, Solo te está vigilando, está esperando el momento justo en el que sueltes el periódico para recogerlo. El problema viene cuando se encuentra con otro de su especie que también estaba cazando ese mismo periódico, si siempre llevas un periódico encima, estarás a salvo.
De todo esto saco la teoría de que la gente pobre que pide en el metro no son gente adicta, alcohólica o que han llevado una mala vida. Simplemente son gente que ha tenido mala suerte y se ha encontrado en alguna de estas situaciones y no pudo salvar la vida. Solo querían coger un periódico, llegar a trabajar a las 9 de la mañana a la estación Santiago Bernabeu..