Todo comenzó este verano con un viaje a Mallorca Las primeras vacaciones con amigas, el verano, la instancia en una isla poblada al 50% por policías, guardias civiles o cuepos de seguridad y otro porcentaje bastante de alto de chicos guapisimos (heterosexuales), que bronceaban sus cuerpos semidesnudos al sol y nos deleitaban con bonitas palabras cuando nuesta saliba se escaba de su lugar sin darnos cuenta.
El viaje lo emprendimos tres amigas (no es que solo coincidiesemos tres, es que no somos muchas mas) dos de ellas con pareja y otra acababa de dejar una relación.
La primera piedra en el camino vino dada por la maleta. Como ya sabeís y siendo asiduas a ellas, viajamos con compañías de low cost,es decir, de bajo coste, no compañías de good travel dónde se te asegure un viaje estupendo, a lo que la maleta, por tanto, debería segir unas medidas que por supuesto nuestras maletas ni se acercaban, en tanto que no solo no cabían en la cabina de medidas, si no que de hacerlo nos veríamos en la tesitura de llevar acuestas semejante estructura.
Yo no tengo miedo a volar, tengo miedo a las azafatas.
Esta fobia a las azafata la experimento desde que un día por motivos de trabajo tuve que hacer un viaje urgente desde la otra punta de España con la maleta que llevaba (este viaje lo colgaré en otra entrada). Mi maleta era demasiado ancha, yo lo sabía, entonces mientras esperaba para embarcar y me mofaba en silencio de la gente a la cual su maleta no le entraba en la caja de prueba, me toco a mi....
Durante la espera para embarcar y sin más propósito que el de plasmar un momento feliz en el papel celulosa, pusimos cámara en mano de una agradable mujer que viajaba sola, en tanto en cuanto la mujer se disponía a ello, decidí que la foto quedaría mas graciosa conmigo en el suelo, entonces me caí.
Yo estaba sentada en los carritos para maletas, igual que mis amigas y entonces, sin plantearme mi enorme torpeza al igual que el tamaño de mi trasero, quise ser como ellas. Aún sabiendo que cualquier movimiento brusco podía ser una trampa mortal, tenía que acercarme a mis amigas para hacer una pose sexy que colgar en FB.
Y entonces, llegó el momento crucial. Pasar por el reconocimiento de tamaño de la maleta. Todo nuestro cuerpo estaba empapado de sudor frío, intentamos controlar mentalmente a las azafatas para que no prestaran atención a nuestro equipaje así como al número de bultos y al fin, lo conseguimos...Al día siguiente nos disponíamos a montar en el coche cuando por una extraña razón vemos como se despliega un papel del tamaño de un mapa cartográfico, mis presagios se derrumbaban al ver que no se trataba de aquello sino de un planing con fechas, horas colores todo perfectamente estructurado como si de una excursión de boy scout se tratase.
El principio y fin de cada de nosotras no era mas que el de plasmar nuestra belleza en numerosas calas y ambientes playeros como si se tratase de una modelo que posa para el matinal de revistas del corazón o para aquella prensa escrita comercializada para hombres que la babosean y que cuelgan en sus puestos de trabajos con el mismo sentimiento con el que se cuelga la foto de nuestra majestad los Reyes en el estrado de la escuela.
Fueron unos días inolvidables. En la playa sin agua que beber pero perfectamente maquilladas y peinadas. No nos faltaba un accesorio ni la bolsa de patatas que llevabamos y tríamos cada día.
Tres chicas, jóvenes, medio solteras, en la isla del divorcio, llena de posiblilidades de ocio nocturno, pero nosotras solo frecuentabamos un lugar llamado "LA QUE FALTABA" en el que servían sex on the beach a low cost hecho con ron "tobaco" que con los ingredinetes dulzones de aquel cocktel, no se notaba el sabor a "cucal". Y ahí, empezó todo...
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